Sozialismo fiduziarioaz haratago

Sozialismo fiduziarioa edo fiat-eko sozialismoa

Hasierarako, ikus Batzuek lan egiten dute…

Bertan, besteak beste, honelako puntuak ukitu ziren:

1) Sozialismo fiduziarioa

https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=6640

“… El dinero del que hablaba Marx ya no existe”.

(…)

2) Subiranotasun monetarioa eta sozialismoa

Carlos Garcia:

Dadme la soberanía monetaria y os construiré el socialismo”

(…)

habría que plantear una nueva definición de socialismo. (…)  sistema de organización social y económica en el que mediante la teoría monetaria moderna se garanticen el pleno empleo, la utilización plena y prudente de los recursos naturales, la garantía a todo ciudadano de comida, alojamiento, vestido, servicios sanitarios y educación, una seguridad social en forma de pensiones y subsidios, y la garantía de estándares laborales dignos.

(…) lo he llamado en el pasado socialismo fiduciario1

(…)

3) Modern Monetary Theory (MMT) | Fiat Socialism for the 21st Century

MMT: Fiat Socialism for the 21st Century with Carlos García Hernández

Fiat socialism’ would enable an open and prosperous society governed by the principles…2

Bideoa: https://www.youtube.com/watch?v=NmdQV8KvZkk&t=1014s

Gehigarriak

(a) La paradoja de los dos caballos (Carlos Garcia)

(https://elcomun.es/2020/12/02/la-paradoja-de-los-dos-caballos/)3

(b) Un consenso socialista chino (Carlos Garcia)

(https://elcomun.es/2021/08/11/un-consenso-socialista-chino/)4

(c) MMT India@IndiaMmt

(https://twitter.com/IndiaMmt/status/145722546581124301)

How could China achieve this?

By supporting State Owned Enterprises with nearly unlimited money from State Owned Banks, which could ‘count’ as Government spending.

Erik Solheim@ErikSolheim

aza. 7

They look like three pythons. Chengdu east high-speed railway station. Let the world copy Chinas high speed rail!

@MyChinaTrip

 

2021 aza. 7

(d) Traidores5

(…) un palacio que hacía las veces de banco central. Dentro pusieron a un rey y a una corte. Y construyeron una gran pizarra. Solo los escribas de la corte, después de aprender en palacio el arte de la escritura y de la aritmética, podían escribir en ella. Allí se registraban las deudas de los ciudadanos en función de la deuda que solo podía emitir el palacio. Así se resolvió el lío. Las vacas, las azadas, la cebada, las ovejas y el resto de bienes y servicios del país pasaron a tener un precio expresado en unidades de deuda del palacio.

Fue entonces cuando nació el mercado. Allí se ponían a la venta los productos del país en unidades de deuda del palacio. La deuda del palacio pasó a ser la moneda nacional. Solo el palacio podía emitirla, por tanto el palacio podía comprar todo lo que se vendiera en el mercado. Para que la moneda tuviera valor, el palacio decidió que para acceder al mercado todos los vendedores debían pagar un impuesto en la deuda que el propio palacio emitía. Esto no lo hacía para financiarse, ya que no podía quedarse sin la moneda que solo él emitía, sino para evitar que los precios del mercado se dispararan y se creara un fenómeno al que llamamos inflación.

Por tanto, solo el palacio podía imponer impuestos y solo el palacio podía emitir el dinero para pagar dichos impuestos. Se crearon las primeras ciudades, los oficios y los productos a la venta se multiplicaron, nació la ciencia de la astronomía para planear las cosechas, en palacio se empezó a enseñar la manera de calcular el interés compuesto y nacieron las matemáticas, las grandes obras públicas, los hospitales y las escuelas. La industria primaria era dominante, pero a su lado también existía una pequeña industria secundaria y terciaria. Y también nació la corrupción.

Los emisores de deuda del palacio (el propio rey, la familia real, los funcionarios, los templos, etc.) seguían manteniendo relaciones personales con el resto de la sociedad. Debido a esas relaciones, se empezaron a producir transferencias de moneda desde el palacio a una minoría que comenzó a acumular grandes cantidades de dinero. Así nacieron los prestamistas y usureros, siempre atentos a “ayudar” a los ciudadanos que, bien por accidentes, bien por desgracias como enfermedades o catástrofes naturales, o bien por errores vitales, no podían hacer frente a sus deudas. Los usureros les prestaban dinero con intereses. Al referirse a Babilonia en su libro “…and forgive them their debts”, el economista Michael Hudson escribe que allí descubrieron “la dinámica básica de la deuda: acumularse y entrometerse cada vez más en la economía, absorber los excedentes y transferir la tierra e incluso la libertad personal de los deudores a los acreedores”.

Al principio, los tres vértices del triángulo sociológico estaban compuestos en muchos casos por las mismas personas. El cabeza de familia de una familia de productores era a su vez propietario de una parcela de tierra y los miembros del palacio (incluido el rey) se extraían de la ciudadanía normal. Poco a poco, los vértices fueron congregando a personas que solo pertenecían a uno de los vértices, y así nacieron las clases sociales: la aristocracia o clase gobernante emisora de moneda en palacio, los propietarios de los medios de producción y los trabajadores desposeídos.

Esta tensión se mantiene hasta nuestros días. Muy poca gente lo comprende. Sin embargo, la sociedad no se puede entender sin uno de los tres vértices porque si uno de los tres vértices desaparece los otros dos no tienen sentido. Por eso las oligarquías financieras llevan intentando desde la edad de bronce arrebatar a los gobiernos la potestad de emitir moneda nacional. Si, como hemos visto, las ventajas que conlleva el paso del paleolítico al neolítico justifican la creación de un gobierno emisor de moneda nacional, ¿por qué existe desde entonces una pequeña oligarquía financiera y una mayoría que está dispuesta a trabajar para dicha oligarquía? En otras palabras, ¿por qué existen empresarios y por qué existen trabajadores? ¿Por qué hay personas que quieren ser propietarios de empresas y personas que quieren trabajar en ellas? Solo existe una respuesta para estas preguntas: por dinero. No obstante, el dinero solo lo emiten los estados, por tanto quien controla al estado controla la emisión de dinero y también gestiona el objeto de deseo tanto de trabajadores como empresarios.

El estado (el palacio) primero gasta el dinero que crea para abastecerse en el mercado de todo lo que necesita. Ese dinero lo acumulan las empresas en forma de beneficios y los trabajadores en forma de salarios. Una parte lo destinan al pago de impuestos y el resto lo destinan a abastecer sus propias necesidades en el mercado. Sin uno de los tres vértices, el resto no se entiende.

Es difícil saber en qué momento de la historia esto cayó en el olvido, pero lo cierto es que al llegar la Ilustración ya se había instalado la gran mentira en la que vive gran parte de la población actualmente. Esta gran mentira (también conocida como neoliberalismo) es la siguiente: el estado necesita recaudar impuestos o endeudarse para poder gastar.

En este error cayeron Kant, Hegel y Marx. El primero (precursor del neoliberalismo) y el tercero (precursor del comunismo) fueron genios. Hegel fue un charlatán que confundió a Marx.

Para Kant, el dinero “no tiene […] más utilidad (o al menos no le es lícito tenerla) que la de servir meramente al tráfico del trabajo de los hombres”. Kant demuestra no entender que el dinero es una creación del estado y que por tanto el mercado (el lugar de intercambio de productos por dinero) es posterior a la creación del estado. Este error de Kant lo utilizó F. A. Hayek, un verdadero enemigo de la humanidad, para decir que “la ley, el lenguaje y el dinero son los tres paradigmas de instituciones que surgen espontáneamente”. Hoy sabemos que el dinero no surgió en absoluto espontáneamente, sino solo en un sitio muy determinado y con las utilidades civilizadoras que hemos descrito anteriormente. Sin embargo, Kant (y luego Hayek) consideran que dichas utilidades son ilícitas. La lucha de la oligarquía golpista nacida en Babilonia empeñada en usurpar al estado la capacidad de creación de dinero llega así hasta nuestros días en la figura de Hayek, quien dijo estar convencido “de que no volveremos a tener dinero decente si no arrebatamos al gobierno el monopolio de la emisión de dinero”. Su golpismo en favor de las oligarquías financieras le hizo convertirse en asesor de Pinochet y decir que “prefiero un dictador liberal que un gobierno democrático que no sea liberal”.

Por su parte, Marx tampoco entendió el triángulo sociológico y estableció la lucha de clases como la tensión de los intereses encontrados de la burguesía y de los trabajadores, olvidándose con ello del estado emisor de moneda. Por eso, al analizar la cuestión del salario dice que “el salario está determinado por la lucha abierta entre capitalista y obrero” y no cita al estado, que en calidad de emisor monopolista de moneda nacional puede adquirir todo aquello que esté a la venta en dicha moneda, incluido el trabajo ofrecido por el obrero. A Marx le puede la jeringonza hegeliana que al analizar la relación entre el señor y el siervo establece una interacción meramente espiritual según la cual el uno y el otro aceptan su estado porque se necesitan para tener sentido en el esquema general del espíritu (como si el siervo no trabajara para el señor por un dinero o un bienestar material que no encontraría en otra parte).

En la antigüedad hubo grandes gobernantes que se opusieron a las oligarquías. Los podemos encontrar en los edictos de Hammurabi y de Solón, así como en los evangelios. Su mensaje fue el jubileo, el perdón de las deudas ilegítimas o que por su propio diseño no se pueden pagar. Hoy más que nunca necesitamos a dichos gobernantes. El nivel de acumulación de las oligarquías actuales les está permitiendo condenar a los trabajadores a una servidumbre similar a la que se produjo en el mundo antiguo. Desde entonces sabemos que eso debilita a los estados y les condena a su caída. Por eso colapsaron Roma, Atenas y Babilonia. La Unión Europea sigue sus pasos6.

(e) Comunismo de base (Carlos Garcia)

(http://www.redmmt.es/comunismo-de-base/)

¿Es el socialismo fiduciario una propuesta comunista? Esta pregunta se me presentó el pasado 26 de septiembre en forma de debate con el economista británico Michael Roberts. Según Roberts, el socialismo fiduciario no puede considerarse una propuesta comunista, sino mero reformismo, y sustenta esta opinión en una cita del artículo en el que introduje por primera vez el concepto de socialismo fiduciario. Dicha cita dice que “la administración colectiva o estatal de los medios de producción y distribución de los bienes no necesita de la propiedad directa de los medios de producción”. Para Roberts esta afirmación es incompatible con cualquier tipo de sociedad comunista, ya que la existencia de una verdadera sociedad comunista implica la propiedad estatal de los medios de producción. (…)

… considero mi propuesta de socialismo fiduciario compatible con el comunismo, aunque no con cualquier tipo de comunismo, sino con el comunismo tal y como lo concibe el antropólogo David Graeber en el capítulo 5 de su gran obra “En deuda7”. Allí, Graeber expone lo que él llama “comunismo de base” y enfrenta esta concepción con lo que él tilda de “comunismo mítico o comunismo épico”. (…)

  • Comunismo de base

… [Yo] propongo que una nueva definición de socialismo sea: «sistema de organización social y económica en el que mediante la teoría monetaria moderna se garanticen el pleno empleo, la utilización plena y prudente de los recursos naturales, la garantía a todo ciudadano de comida, alojamiento, vestido, servicios sanitarios y educación, una seguridad social en forma de pensiones y subsidios, y la garantía de estándares laborales dignos»”. (…) yo defiendo que “tanto el tamaño del sector privado como los niveles de plusvalía deben ser decididos por la ciudanía democráticamente”.

(…) Los principios económicos expuestos por la teoría monetaria moderna se cumplen independientemente de que todos los medios de producción sean públicos o de que se permita la existencia de empresas privadas, y en ninguno de los dos escenarios se puede deducir el inevitable colapso del sistema económico. (…)

Siguiendo la “Crítica al programa de Gotha” de Karl Marx, Graeber llama comunismo a “cualquier relación humana que opere bajo los principios de «de cada cual según sus posibilidades; a cada cual, según sus necesidades»”. El intercambio se produce donde acaban las relaciones humanas basadas en el comunismo, es decir, allí donde aparece la contabilidad de las transacciones con objeto de saldar deudas y volver a una situación de equilibrio. Por su parte, la jerarquía nace con la aceptación de la existencia de otra persona o institución capaz de imponernos una deuda, bien de carácter monetario, bien de carácter conductual.

A mi entender, este esquema descrito por Graeber es correcto. Así, “el comunismo es la base de toda la sociabilidad humana. Es lo que hace posible la sociedad. Existe siempre la noción de que, de cualquiera que no sea un enemigo, se puede esperar que actúe según el principio «de cada cual según sus posibilidades»”, y de esta manera se puede construir una “sociología del comunismo cotidiano” en la que se dan tres características:

  1. Inexistencia de reciprocidad: nuestras relaciones comunistas parten de una igualdad sustancial de los individuos implicados; por consiguiente, no se lleva una contabilidad ni se tiene por objeto convertir nuestras acciones en deudas.
  2. Tendencia hacia la hospitalidad con extraños: si los extraños son los enemigos, agasajar a un extraño para sumarlo a nuestro círculo de relaciones comunistas supone también convertir al enemigo extraño en amigo y, por tanto, aliado a la hora de cubrir nuestras necesidades.
  • Primacía de la moralidad frente a la propiedad, de manera que las transacciones (también las comerciales) se ven afectadas por la situación del deudor, con quien nos unen lazos interpersonales y eternos cuya base es la propia humanidad.

Obviamente, este tipo de lazos no los establecemos con todo el mundo, sino con las personas con las que compartimos proyectos comunes. Con el resto de personas nos relacionamos sobre la base del intercambio, es decir, sobre la base de la reciprocidad y la contabilidad. En el intercambio no hacemos nuestras las necesidades del otro, sino que partimos de que el otro quiere algo de nosotros y de que no se lo daremos a no ser que recibamos algo a cambio. Por tanto, el objetivo es saldar deudas y recuperar el equilibrio en la transacción lo antes posible. Esto es complicado. Por eso las relaciones de intercambio son campo abonado para el enfrentamiento y la violencia, ya que el intercambio siempre parte de un conflicto de intereses. Para solventar este problema, los humanos recurrimos a jerarquías. Mediante ellas, reconocemos “por el hábito o la costumbre” la capacidad de ciertas personas o estamentos para reglar nuestros intercambios. Esas personas o estamentos se colocan por encima de nosotros y tienen la capacidad de endeudarnos. Así, las personas estamos en deuda con las leyes que debemos acatar, con los impuestos que debemos pagar, etc., y es con respecto a esta autoridad con la que adecuamos nuestra conducta hacia los demás.

  • Comunismo mítico

El comunismo mítico se puede encontrar en las obras de los autores que, como Michael Roberts, defienden que el marxismo es un sistema cerrado y perfecto capaz de explicar sin fisuras el pasado, el presente y el futuro de la humanidad.

(…)

En su libro, David Graeber rompe con este esquema, primero en el capítulo 2, donde acaba con el mito del trueque, y luego en el capítulo 5, en el que dice que el comunismo mítico no es más que “una historia que nos gusta contarnos”. Ni la Mesopotamia de hace 7000 años ni la Edad Media europea basaban su economía en el trueque ni en la marca común, sino en la deuda. “Ya va siendo hora, creo, de desterrar de una vez toda esta historia. En realidad, el «comunismo» no es ninguna utopía mágica, ni tiene nada que ver con la propiedad de los medios de producción”. En realidad, el comunismo basado en la máxima «de cada cual según sus posibilidades; a cada cual según sus necesidades» se basa en “quién tiene acceso a qué tipo de cosas y con qué condiciones”, que es precisamente lo que mi definición de socialismo fiduciario intenta recoger. Por eso, más allá de la propiedad de los medios de producción, el socialismo fiduciario es el acceso universal a:

  1. pleno empleo
  2. la utilización plena y prudente de los recursos naturales
  • la garantía a todo ciudadano de comida, alojamiento, vestido, servicios sanitarios y educación
  1. una seguridad social en forma de pensiones y subsidios
  2. la garantía de estándares laborales dignos

Estos cinco puntos fueron enunciados por primera vez por Stuart Chase en su libro “El camino que seguimos” (1942) y yo los denomino los fines del socialismo. El método recomendado para movilizar los recursos reales que hagan posible el acceso de todo ser humano a estos cinco puntos con la mejor calidad posible es la teoría monetaria moderna por las razones que se expondrán a continuación.

  • De la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia de Marx a la ley de Mosler

Como máximo, solo una de estas dos leyes puede ser correcta, ya que son leyes que se excluyen mutuamente. Las podemos enunciar de la siguiente manera:

  1. Ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia de Marx: todo sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción está destinado inevitablemente a colapsar (sección tercera del tercer volumen de “El Capital”).
  2. Ley de Mosler: no hay crisis financiera lo suficientemente profunda como para que no pueda ser superada mediante un mayor gasto público y/o una disminución de la presión fiscal.

Ante estas dos leyes el socialismo fiduciario se queda con la ley de Mosler. Es más, la validez de la ley de Mosler es la razón por la cual la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia no se cumple. Ya publiqué una refutación de la ley de Marx en mi artículo “La paradoja de los dos caballos”, por lo que invito a los lectores a leer dicho artículo. Allí se explica cómo Marx pensaba que el capitalismo era irreformable y que la discusión no era si el sector privado debía ser más grande o pequeño, sino que Marx pensaba que, si se permitía la existencia de la iniciativa privada, el destino de la economía en cuestión era el colapso inevitable. A diferencia de la ley de Marx, Mosler incorpora a su análisis la capacidad del Estado de conceder créditos al consumo de los ciudadanos mediante su capacidad en exclusiva de emisión de moneda. El análisis de Mosler y el análisis que David Graeber hace en su libro coinciden plenamente. Desde la antigua Mesopotamia hasta nuestros días se reproduce el mismo esquema8. Los ciudadanos de un Estado aceptan la capacidad de un poder central de imponerles una deuda (en forma de impuestos, tarifas, multas, etc.). Dicha deuda se emite en la moneda del Estado, que en sí no tiene ningún valor intrínseco (en el caso de Mesopotamia se trataba de tablillas de arcilla). Es la necesidad de los ciudadanos de saldar sus deudas con el Estado mediante la moneda del propio Estado la que da valor a la moneda. Por tanto, primero el poder central pone en circulación su moneda y después recauda impuestos en dicha moneda con objeto de paliar presiones inflacionarias. Es decir, los impuestos no financian el gasto público, ya que el Estado tiene que gastar antes de poder recaudar impuestos. La moneda que el Estado no recauda en impuestos toma la forma de crédito. Con dicho crédito, los ciudadanos tienen la capacidad de abastecerse en el mercado creado sobre la base de la moneda del Estado. Es decir, el Estado (la jerarquía capaz de imponernos deudas de la que habla Graeber) es anterior al mercado y es el que da lugar a su existencia. El mercado es el lugar al que productores y consumidores acuden con la moneda del Estado para abastecerse. En calidad de emisor de la moneda, el Estado es capaz de adquirir en el mercado todo lo que necesita, ya que no se puede quedar sin su propio dinero. Los ciudadanos dependen de que el gasto público sea mayor que la recaudación de impuestos para poder aumentar sus ahorros y su capacidad de inversión.

Mediante un análisis de este tipo, coherente con las fuentes históricas de las que disponemos, Graeber desmonta el mito del trueque como origen del dinero anterior a la existencia de los Estados. El trueque solo se dio en condiciones muy excepcionales y de extrema necesidad tras grandes catástrofes, en ningún caso es el origen de la civilización y de la economía. Graeber también explica que el sistema basado en el crédito y en la deuda está en la base de la lucha de clases. Sin él no se puede explicar el nacimiento de la clase asalariada y de la burguesía. Además, este esquema explica cómo la deuda se convirtió en un arma de dominio sobre los ciudadanos y cómo una élite golpista y rentista tiene coIkusmo objetivo desde tiempos de Mesopotamia el arrebatarle al Estado su capacidad de emitir dinero para poder ser dicha élite la que se beneficie de las deudas impuestas sobre el resto de los ciudadanos. Por eso mismo, los grandes gobernantes de la antigüedad y de la actualidad tienen ante sí una gran responsabilidad: la condonación de las deudas que no se pueden pagar. Eso es lo que representa la ley de Mosler: la capacidad de hacer borrón y cuenta nueva cuando las deudas (que no son otra cosa que apuntes contables) nacidas de una crisis financiera suponen una carga impagable para los ciudadanos. Esa condonación de la deuda, en su mayor parte en manos de élites rentistas, es lo que permite superar cualquier crisis financiera por profunda que sea. Es lo que habilita el consumo, el ahorro y la inversión de los ciudadanos, que una vez liberados de la deuda pueden destinar su trabajo a la creación de nuevos bienes y servicios destinados a satisfacer las necesidades generales9.

  • Socialismo fiduciario y comunismo

… ¿es el socialismo fiduciario una propuesta ajena a la tradición comunista? En absoluto. La defensa del acceso universal a los cinco puntos en los que se basa el socialismo fiduciario forma parte de la columna vertebral del movimiento comunista desde sus orígenes. Es más, fue la exigencia de dicho acceso por parte de las clases trabajadoras la que convirtió al comunismo en un movimiento de masas. Solo bajo el comunismo se arrebató a la iniciativa privada el poder de decidir sobre el nivel de desempleo en la economía y se depositó ese poder en manos públicas. El socialismo fiduciario hace exactamente lo mismo. La diferencia entre el socialismo fiduciario y los regímenes comunistas que han existido hasta la fecha (con excepción de China) es que el primero centra su atención en el acceso a los derechos sociales en vez de en la propiedad de los medios de producción. Con ello el socialismo fiduciario intenta despojar al comunismo de sus características míticas. No obstante, esto tampoco le es extraño al comunismo. Marx dedica gran parte del capítulo XXIII del primer tomo de El Capital, en concreto a partir del apartado 5b “Las capas peor pagadas del proletariado industrial inglés” hasta el final del capítulo, a la falta de acceso del proletariado a los cinco puntos en los que se basa el socialismo fiduciario. Asimismo, el derecho de los trabajadores a un puesto de trabajo digno y la necesidad de llevar a cabo políticas de pleno empleo permanente aparecen recogidas en la “Crítica al programa de Gotha”. En definitiva: fue la defensa del acceso universal a los cinco puntos en los que se basa el socialismo fiduciario lo que hizo triunfar al comunismo en más de la mitad del planeta y lo que permitió que la izquierda no desapareciera después del colapso de la Unión Soviética.

La introducción de la teoría monetaria moderna como método del socialismo fiduciario se produce precisamente porque a mi juicio se trata del método que permite el acceso a los cinco fines del socialismo fiduciario con mayor facilidad.

Fürsorgediktatur, dictadura asistencial, es el término que se usó en la extinta República Democrática Alemana para caracterizar el método de acceso a los fines del socialismo en el antiguo bloque de Europa del este. Es decir, los regímenes comunistas nunca fueron ajenos al acceso universal a los cinco fines del socialismo. El problema fue que el método utilizado (la implantación de una dictadura asistencial) demostró ser muy ineficiente y en muchos casos el acceso a los fines del socialismo se garantizó mejor en la Europa occidental. En mi opinión, el origen de la ineficiencia en el bloque del este es el comunismo mítico descrito por Graeber.

En el caso de China las cosas son muy diferentes. El Partido Comunista Chino no cae en el error del comunismo mítico, sino que utiliza como método de acceso a los cinco fines del socialismo lo que el economista chino Xu Chenggang denomina “sistema autoritario regionalmente descentralizado” y que analicé en el artículo “Un consenso socialista chino”. Este método ha demostrado ser enormemente eficiente y ha convertido a China en potencia mundial, pese a ser un país que partía de una situación mucho peor que la de los países del este europeo. No obstante, el sistema chino adolece de la parte asistencial que caracterizaba a los regímenes del este de Europa y muchos de sus ciudadanos no tienen acceso alguno a los cinco fines del socialismo.

En mi opinión, el comunismo de base y la teoría monetaria moderna sobre los que se sustenta el socialismo fiduciario representan una alternativa mejor que el modelo chino y que el modelo del antiguo bloque de Europa del este a la hora de garantizar lo fundamental en el comunismo: el acceso universal a los cinco fines del socialismo. La existencia de empresas privadas con ánimo de lucro no debe asustarnos. Lo importante es que ese lucro no se produzca mediante la miseria de los asalariados. El dinero no es una mercancía, sino apuntes contables en cuentas bancarias. El dinero que gana una persona no es dinero que deja de ganar otra. El Estado tiene la capacidad de controlar la acumulación de capitales mediante la política fiscal sin necesidad de tener la propiedad directa de los medios de producción. Lo fundamental: que la mayoría trabajadora tenga en sus manos la capacidad de controlar el tamaño del sector privado. Cuando, como en el caso del sector energético español, el sector privado no garantice el acceso universal a bienes y servicios básicos, dicho sector debe ser nacionalizado. El mejor acceso posible a los fines del socialismo es lo que la clase trabajadora debe tener en cuenta a la hora de decidir democráticamente el tamaño del sector privado. Por lo demás, la historia demuestra que no se puede pretender que la totalidad de las relaciones sociales se basen en el comunismo. Ignorar que los humanos también actuamos según los términos del intercambio y de la jerarquía ha producido grandes ineficiencias dentro de los países socialistas. Por eso la sociología del comunismo cotidiano no jugó un papel más importante en Europa oriental que en Europa occidental (los emigrantes que vivimos en países excomunistas lo sabemos bien). Tal y como escribe Graeber, “la mayoría de las empresas capitalistas trabajan, internamente, de manera comunista” porque el comunismo de base es lo más eficaz a la hora de “repartir tareas según habilidades y dar a la gente lo que necesita para llevarlas a cabo”.

Por todo lo anterior, creo que sería perfectamente coherente que los partidos comunistas adoptaran un programa basado en el socialismo fiduciario. Con ello las transformaciones socialistas de la sociedad dejarían de ir asociadas a experiencias traumáticas. El socialismo es hacer que todos vivamos mejor. Lo traumático es continuar con el capitalismo del euro y de la Unión Europea que condena a la pobreza a millones de personas. El socialismo fiduciario podría acabar con la irrelevancia en la que, excepto en China, están sumidos los partidos comunistas. Lo más importante es que los partidos comunistas se liberen de las cadenas del comunismo mítico y luchen eficientemente por eliminar el sufrimiento humano producto de la pobreza dotando a todos los ciudadanos de las herramientas que les permitan ser lo más productivos posible gracias al pleno desarrollo de sus capacidades. No existe el sistema económico perfecto porque no existe el ser humano perfecto, pero lo que sí existen son la buena voluntad y la inteligencia humanas en las que se sustenta el comunismo de base. (…)

Euro delendus est


What is Fiat Money & Modern Monetary Theory (MMT) how it can work with Socialism with Carlos García Hernández

Fiat socialism‘ would enable an open and prosperous society governed by the principles of modern monetary theory (MMT). A society without unemployment or poverty, in which everybody had a decent job (either in the private sector, or in the public sector) allowing people to fulfil all their basic needs and coordinate their working and private life because of reasonable time schedules. A society in where public services, education and health access were of the highest quality, and in which the level of prices remain stable. This isn’t just a socialist pipedream. By using MMT as a lens to understand the monetary system, it’s a realistic possibility, but it requires the political will to jettison neoliberalism.

(…) el economista norteamericano Stuart Chase, quien en su libro de 1942 “El camino que seguimos” [The Road we are traveling] dice que toda política económica debe cumplir cinco objetivos fundamentales: pleno empleo garantizado y permanente, utilización plena y prudente de los recursos naturales, garantía a todo ciudadano de comida, alojamiento, vestido, servicios sanitarios y educación, seguridad social en forma de pensiones y subsidios, y garantía de estándares laborales dignos.

(…) A mi entender, el mejor método para alcanzar los cinco fines del socialismo expuestos anteriormente sin crear una inflación descontrolada es la teoría monetaria moderna. Tal y como dice su fundador, el economista australiano Bill Mitchell, esta escuela económica no es un régimen político, sino unas lentes a través de las cuales se puede enfocar la ciencia económica de la manera correcta. La teoría monetaria moderna nos indica el método para movilizar todos los recursos reales de la economía manteniendo la estabilidad de precios.

(…) Este socialismo tomará diferentes formas en diferentes lugares, acepta que las organizaciones socialistas no están exentas de cometer errores, supondrá diferentes niveles de participación del sector privado, así como diferentes niveles en los excedentes brutos de explotación, y está abierto a procesos de perfeccionamiento para movilizar de la mejor manera posible los recursos reales con objeto de conseguir los cinco fines del socialismo. Solo se establece una rigidez: la soberanía monetaria. La teoría monetaria moderna solo tiene validez en sistemas monetarios en los que el estado sea el emisor soberano de su moneda y en los que exista la pertinente coordinación entre el Banco Central y el Tesoro. (…)

4 (…) la tesis fundamental que Marx quiere demostrar para conseguir su fin último, que no es otro que exponer el colapso inevitable del capitalismo, entendido este como un sistema productivo basado en la propiedad privada de los medios de producción.

(…) Al no recurrir al sector público como fuente de realización de los beneficios, Marx también logra salvar su ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia

(…) Esto le permitió superar la fórmula trinitaria enunciada por Marx en el capítulo XLVIII del tercer volumen de El Capital, según la cual solo hay tres fuentes de renta: el capital-ganancia, la renta del suelo y el trabajo-salario. Deng sabía que las fuentes no eran tres sino cuatro, ya que a la lista de Marx había que sumar el gasto público como fuente de realización de beneficios.  Por eso, el banco central chino, llamado Banco Popular de China, ha jugado un papel fundamental en el desarrollo del país desde 1978 financiando el gasto de los gobiernos subnacionales (…)

(…) La corriente principal de la economía está dominada por el consenso de Washington y por la ley de Say, según los cuales la no intervención pública es fundamental para que broten mercados florecientes en los que, por arte de birlibirloque, la oferta crea su propia demanda. China es un ejemplo de todo lo contrario. Allí la intervención estatal y del PCCh es enorme en todos los campos. Sin embargo, el crecimiento económico es mucho mayor que en occidente, lo cual demuestra que el modelo chino, pese a sus evidentes deficiencias, es mucho menos corrupto y mucho más eficiente que el de Wall Street, la Unión Europea y el resto de organismos regidos por el consenso de Washington, la absurda ley de Say y los modelos económicos basados en el lado de la oferta.

(…) El sesgo neoliberal de estas declaraciones es evidente. Según Li, el gasto público confisca ahorros que disminuyen la inversión. Como todos los neoliberales, entiende los fenómenos económicos al revés. El gasto público fomenta la inversión porque hace aumentar el saldo de las reservas bancarias. Esto fomenta la demanda y por tanto las inversiones. Reducir el gasto público y pensar que con ello las empresas y las vidas de las personas van a salir beneficiadas es no enterarse de nada. La reducción del gasto público preconizada por Li solo hará aumentar el endeudamiento privado y el desempleo.

(…) La COVID hizo que el déficit aumentara hasta el 11,39% en 2020. Gracias a ese déficit, China pudo contener la pandemia. Desde una perspectiva socialista, estos datos deberían facilitar la interpretación del déficit público como lo que verdaderamente es: una herramienta para atajar los problemas sociales, que en el caso de China son muchos y cada vez más graves. Por tanto, en vez de hacer de la reducción del déficit público un fin en sí mismo, Li debería olvidarse del nivel de déficit y centrarse solo en los problemas sociales.

(…) El método para llevar a la economía china… deberían ser los planes de trabajo garantizado basados en las reservas de estabilización de empleo, ya que estos planes convierten al pleno empleo permanente garantizado por ley en un estabilizador automático de los precios.

(…)

Segida:

La Comisión Europea le va a presentar al Gobierno de España un Plan de Recuperación. A cambio de un rescate financiero insuficiente, a España se le van a imponer recortes y privatizaciones que van a condenar al país a un empeoramiento inaceptable del desempleo, de los servicios públicos y de la miseria. El PSOE lo va aceptar gracias al poder que la oligarquía ejerce a través de la ministra Calviño. Podemos e IU (y por tanto el PCE), en vez defender la recuperación la soberanía monetaria y el abandono de la UE, también lo van a aceptar. Traidores.

Segida:

La parte más triste de los ataques de Michael Roberts a la teoría monetaria moderna fue la que dedicó a Warren Mosler. Según dijo Roberts, la teoría monetaria moderna (otro nombre para lo que en un principio se llamó Mosler economics) no puede ser válida porque Mosler es un gestor de fondos de inversión y no es socialista. Ante argumentos ad hominem tan débiles poco cabe decir, sobre todo cuando el propio Michael Roberts trabajó durante 40 años como economista en la City de Londres. Por desgracia, no conocí a David Graeber, pero de Warren Mosler he de decir que es una de las personas más inteligentes y lúcidas que conozco. Ciertamente, Warren Mosler no es socialista, pero sí lo es el economista español Eduardo Garzón. Fue él precisamente el que, en su artículo “Réplica a Michael Roberts sobre el modelo macro de la Teoría Monetaria Moderna” y desde la perspectiva de la teoría monetaria moderna, desmontó una por una todas las tergiversaciones de Roberts, cuyo único objetivo es salvar su concepción del comunismo mítico. Invito a todo el mundo a leer el artículo de Garzón. En dicho artículo, pone al descubierto dos aspectos que Roberts, al igual que los economistas neoliberales, no es capaz de explicar: “la relación de causalidad establecida entre beneficios e inversión” y “la forma de financiar el déficit público”. En mi debate con Roberts rebatí sus posturas mediante los argumentos esgrimidos por Garzón en su artículo. Lamentablemente, la respuesta de Roberts fue la de tildar dichos argumentos como meros “tecnicismos” y para defender su comunismo mítico no dudó en recurrir a argumentos aceptados por el neoliberalismo, como la concepción del dinero-mercancía en vez del dinero-deuda, la errónea idea de que el Estado no puede emitir moneda si antes no se han producido bienes de consumo, la contradicción con los registros históricos que defiende que el mercado es anterior al Estado, el absurdo que supone defender que los Estados soberanos tienen que financiar sus déficits mediante deuda pública y sobre todo la idea neoliberal por excelencia que sostiene que es la oferta la que crea la demanda y no al revés. Así es como los planteamientos de Roberts muestran a las claras cómo los supuestos teóricos del comunismo mítico y del neoliberalismo son en realidad más similares de lo que podría parecer.

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