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Elisenda Paluzie (ANC): “Habría que haber proclamado la independencia justo después del 1-0

(https://www.cuartopoder.es/espana/2018/04/05/elisenda-paluzie-anc-habria-que-haber-proclamado-la-independencia-justo-despues-del-1-o/)

BARCELONA.- El pasado 24 de marzo, la Assemblea Nacional Catalana (ANC) elegía nueva presidencia. Elisenda Paluzie (Barcelona, 1969) será quien sustituya en el cargo a Jordi Sánchez, quien dejó el cargo en esta organización en noviembre, estando ya en prisión preventiva, para concurrir en la lista de JxCat a las elecciones catalanas del 21-D. La nueva presidenta de la ANC atiende a cuartopoder.es en Barcelona, en el Mercado de Sarrià, barrio en el que tiene un acto posterior para responder a preguntas sobre la actualidad catalana. Paluzie, profesora Titular de Economía en la Universidad de Barcelona desde 2001, es directora del Centro de Análisis Económico y de las Políticas Sociales de la UB, integrado en el Instituto de Investigación BEAT. 

— En determinados medios de comunicación hay un lenguaje muy agresivo hacia los CDR. Les comparan, incluso, con la Kale Borroka. ¿Son los CDR violentos?

— Los CDR son personas que se autorganizaron para que se pudiera celebrar el referéndum. A partir de aquí, cada CDR ha generado una dinámica muy variada, dependiendo de cada municipio o barrio. Lo que hacen son estrategias de resistencia no-violenta, desobediencia civil. Esto es lo que son, a partir de aquí, se está intentando crear un relato de violencia para justificar una posterior represión. Este relato de violencia les es útil para coordinarlo con el proceso del Tribunal Supremo y del Juzgado número 13 de Barcelona. El delito de rebelión requiere violencia y, cómo esta no existió, se la inventan.

Estas iniciativas, que son espontáneas y sin dirigentes, tienen que procurar ser excesivamente escrupulosas con los principios de la no-violencia. Controlar que no se acerque gente ajena con ánimo de provocar violencia. Tienen que ser vigilantes porque el objetivo del Gobierno español y de la cúpula judicial es relacionarles con la violencia.

— ¿Comparte la ANC la estrategia de los CDR?

— Es que no tenemos nada que ver. La ANC es una asociación y las personas socias eligen su dirección y hoja de ruta en una asamblea. Defendemos el derecho a la autoderminación, reconocido por las Naciones Unidas y ratificado por el Estado español en el año 1977. Pero, sin ser lo mismo, condenamos totalmente que se intente manipular y mentir sobre lo que están haciendo los CDR.

— Se dice que la estrategia previa de la ANC, cuando Carme Forcadell era la presidenta, estaba basada más en la agitación social y después, con Jordi Sánchez, se seguía una línea más cercana a los partidos políticos…

— Creo que es una simplificación. Tanto en el mandato de Forcadell como en el de Sánchez ha habido momentos de todo tipo. En el momento inicial de la ANC, con Forcadell, las movilizaciones de masas consiguieron poner en la agenda de los partidos el referéndum, pero también es cierto que la ANC no consiguió sus objetivos, se celebró el 9N, un referéndum muy descafeinado. Forcadell pasó a ser número 2 en JxSí, es decir, también había relación con los partidos políticos.

En el caso de Sánchez, es cierto que era una persona más intelectual y el estilo era muy distinto. Él entra en un momento en el que la ANC ya se ha implicado mucho con JxSí y ya había un programa independentista con una mayoría independentista en el Parlament, hablo del 2015, con JxSí y la CUP. El mandato de Sánchez tiene un momento clave, cuando la hoja de ruta de JxSí se estaba poniendo en duda y la CUP les iba a retirar el apoyo a los presupuestos. Entonces, la ANC organiza una consulta interna para introducir otra vez el referéndum, esta vez vinculante, en esa hoja de ruta. Tras eso, la ANC forma parte de la estrategia global para llevar a cabo el referéndum y la distancia con los partidos se diluye.

— ¿Qué estrategia seguirá la ANC bajo su presidencia?

Partimos de aquí, no es como en el 2012 cuando nace la ANC. Ahora tendremos que seguir dos líneas de trabajo principales. La primera es presión sobre la agenda política y creemos que la visualización más clara del conflicto, lo que le da más fuerza, es la investidura de Carles Puigdemont. No por él, sino por el símbolo que representa, es el president cesado por el 155 y el candidato más votado entre el independentismo, que tiene mayoría absoluta. No podemos ceder ante el principio democrático básico, que es que al president de Catalunya lo elige el Parlament y al Parlament la ciudadanía. Hemos visto, con su detención en Alemania, su valor simbólico, ha vuelto a poner el conflicto político en la agenda internacional. Más allá de que pensemos que pudo cometer errores en octubre, el mayor valor simbólico para construir el relato a posteriori que tenemos es él.

El objetivo sigue siendo el mismo, no se ha conseguido aún la independencia de Catalunya y peleamos por ella. Pero ya se ha avanzado mucho, se ha celebrado un referéndum de autodeterminación con una participación del 43%, con un apoyo al ‘sí’ del 90%, frente a una brutalidad policial terrible. Sin embargo, no se ha tenido la suficiente fuerza para implementar la independencia. Aun así, en las elecciones del 21-D, surge una nueva mayoría independentista con una participación del 80%. Siempre se había dicho que era necesario una participación superior al 75% y se consiguió movilizar a gente que no solía votar. Y eso que el independentismo iba muy débil a esas elecciones, con dirigentes en prisión y en el exilio.

Esto no sólo lo dice la ANC, también lo dice la CUP, y eso que su distancia ideológica con Puigdemont es inmensa. Ahora se ha firmado un manifiesto por 600 profesores de las izquierdas catalanas, universitarios, intelectuales… Jordi Coca, Josep Lluis Carod Rovira, Enric Pujol… Es gente de una variedad enorme de sensibilidades que justamente dicen esto: el valor simbólico de Puigdemont es fundamental y no se pueden vulnerar derechos políticos. Si él se pudo presentar a las elecciones y era elegible, ahora tiene que poder ser president.

¿Y la segunda línea principal de su mandato?

Para implementar la República Catalana tenemos que superar las debilidades de octubre. Nuestra hoja de ruta no es repetir la declaración de independencia con una fecha determinada, tenemos que trabajar esas debilidades a medio plazo para que cuando se abra una ventana de oportunidad tengamos una sociedad más preparada. Las debilidades fueron las respuestas a las presiones de los sectores económicos, debemos fortalecer una economía más democrática y respetuosa con la voluntad ciudadana, evitar la fortaleza de los lobbies económicos del Estado español.

Habla de los errores de octubre. ¿Cuáles fueron los principales errores del Govern en octubre? Se prometía que había una estructura preparada para materializar una república, pero, cuando esta se proclamó, desaparecieron los dirigentes durante dos días y algunos habían partido a Bélgica…

— Evidentemente, la sorpresa de aquel fin de semana todavía no la hemos superado colectivamente. No tenemos toda la información de lo que pasó, las presiones que hubo, los temores… Creo que hubo una ingenuidad de no esperar esa violencia policial durante el referéndum y creer que el Estado español se sentaría a negociar. Habría que haber aprovechado el impulso del referéndum, habría que haber proclamado la independencia inmediatamente después del 1-O, este fue un primer error. Se dejó tiempo para que las presiones económicas tuvieran efecto, con el decreto de cambio de sedes.

En cuanto estructuras de estado, se había avanzado la Hacienda Catalana desde Vicepresidencia y Economía. En estos dos años se habían desarrollado competencias que eran estatutarias y la Generalitat nunca las había desarrollado antes, como encargarse directamente de los impuestos cedidos, como el de sucesiones, lo que llevó a la contratación de recaudadores de impuestos. Se empezó a preparar el sistema informático para la recaudación de todos los impuestos en cuanto se pudiera implementar. El problema era de autoridad, no había la autoridad suficiente para controlar el territorio e implementar una nueva legalidad. Es evidente que no se mostró la fuerza suficiente para hacer la independencia efectiva.

— Hubo filtraciones telefónicas, de antes del 1-O, en las que integrantes del Govern reconocían que no estaban preparados para llevar a cabo la independencia

— Son filtraciones de parte. Si tienen 10.000 horas de conversaciones grabadas y 10 conversaciones entre Elsa Artady y Lluis Salvadó, sólo filtran aquella en la que hablan de que las cosas no iban tan bien…

¿Usted considera que el Govern dijo la verdad y no mintió a los ciudadanos sobre las posibilidades reales de la independencia?

— Estamos en una situación de represión, el Estado español no permite que la independencia se pueda llevar a cabo de una manera negociada, el Govern no puede salir y explicar que está trabajando en un programa informático para recaudar, eso sería un delito. Por otro lado, una parte de la verdad se filtra a la prensa amiga del régimen español para desanimar a la base social independentista. Había cosas en las que se había avanzado, como el tema de los impuestos, y otros menos, como las aduanas. Creo que hubo una ingenuidad de que el referéndum serviría para forzar un diálogo, o bien porque el Gobierno español se sentara a negociar para solucionar un problema que le incumbe, o bien porque la Unión Europea hiciera de intermediaria. Nada de esto pasó. Se pecó de ingenuidad.

Vemos dos almas en el independentismo. Una de ellas quiere seguir la estrategia de confrontación con el Estado español, para ello se apuesta por investir a Puigdemont. La otra, prefiere la mirada larga, investir un Govern efectivo y a largo plazo aumentar la base social independentista…

— Creo que se pueden compatibilizar. Para lograr la segunda hay que basarse en un relato coherente y fuerte. Si se intenta ampliar la base independentista renegando de lo que se ha hecho y no mostrando coherencia entre lo que se ha dicho y lo que se hace, no creo que se consiga sumar a nadie. Hay que tener en cuenta que la situación de Puigdemont ha cambiado, ahora está en prisión y ya se le aceptó el voto delegado. Si JxCat y ERC estaban de acuerdo en investir a Sánchez o Jordi Turull, ¿por qué no a Puigdemont? Si es necesario, se puede modificar el reglamento.

— ¿Eso no puede suponer una inhabilitación del president del Parlament, Roger Torrent, o, incluso, que vaya a prisión?

— Depende de cómo se haga. Acabamos de ver cómo una Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas dice que se han vulnerado los derechos políticos de Jordi Sánchez, tenemos una carta a nuestro favor.

Es cierto que hay una mayoría independentista en el Parlament, pero esto no se traduce en que más de la mitad de votantes del 21-D votaran a partidos independentistas. ¿Es suficiente el resultado del 21-D para seguir una estrategia de confrontación con el Estado hacia la independencia?

Si miro los resultados del 21-D, sólo puedo mirar a aquellos que se han posicionado clarísimamente. Por un lado, JxCat, ERC y CUP suman el 47,7%; los que se han posicionado en contra representan el 43%. Eso, en un contexto de referéndum a la escocesa, es un margen suficiente para una victoria por más del 50% del ‘sí’. El 1-O, con un 43% de participación y un 90% para el ‘sí’, es un referéndum con mayor participación que el de la Constitución de la Unión Europea y el resultado del ‘sí’ también es mayor. El referéndum de la Constitución Europea fue votado por un 42%, el del Estatuto de Andalucía fue por un 37%…

Hay una trampa en la que no podemos caer: transformar los votos de unas elecciones multipartidistas en un referéndum de ‘sí’ o ‘no’. En unas elecciones, hay diferentes programas de distintos partidos políticos. Hay opciones, como los comunes, que no defienden una DUI, pero sí un referéndum acordado. Ese 7% de votos no se puede suponer que irían al ‘no’ a la independencia. Más obvio todavía está el caso del PACMA, un partido cuya agenda política se basa en los derechos de los animales, ¿cómo se contabilizan esos votos en clave de independencia sí o no? Por eso se hacen los referéndums, para que cuando haya una cuestión concreta, la ciudadanía decida en base a esa cuestión.

Después de todos estos meses, la Generalitat de Catalunya está intervenida por el 155. ¿Es, para la ANC, una prioridad formar un Govern para terminar con esta intervención tal y como piden algunos partidos?

Obviamente, la ANC no está a favor del 155, que es ilegítimo, ilegal… Una intervención de un gobierno fue una propuesta de Alianza Popular en el debate constituyente que fue rechazada. Lo que ocurre, además, es que formar un gobierno autonómico, con un presidente que no moleste al Gobierno español, sería un gobierno tutelado. No sería volver a la autonomía, tal y como lo conocemos, sería un Govern tutelado. A la mínima que se haga algo que no siga las directrices de Madrid, se le volvería a intervenir. Se ha abierto el grifo de la intervención, se graduará más o menos, pero ahí estará siempre. Sería un gobierno de gestión, cortaría cintas en las inauguraciones, pero poco más.

¿Está siendo la ANC vigilada con lupa policialmente?

— Es evidente que, en estos momentos en los que está el sumario secreto del Juzgado Número 13 de Barcelona, como pieza separada de la del Tribunal Supremo del juez Pablo Llarena, se permite investigar, hacer seguimiento, pinchar teléfonos, hacer lo que quieran… Somos conscientes de que estamos en un estado policial y autoritario en el que a una asociación se le está tratando como si fuera una organización criminal.

¿Teme por una futura ilegalización de la ANC?

— El relato que quieren construir en relación a los CDR se parece mucho al que usaron en Euskadi cuando ilegalizaron todo el entorno de Batasuna. El relato que construyen, porque los hechos no tienen nada que ver, es un relato basado en una mentira: aquí no ha habido violencia.

Forcadell y Sánchez, que le precedieron en el cargo en la presidencia de la ANC, están en la cárcel. ¿No teme que pudiera sucederle lo mismo?

— La palabra no sería miedo. Soy consciente de que la represión es sin precedentes y que por defender unas ideas y un proyecto político nos coaccionan, del mismo modo que se coaccionaba en la lucha democrática antifranquista.

El independentismo tiene un relato de que su proyecto es contra el Estado español, pero no contra la ciudadanía española. Mucha gente se siente dolida, considera que su proyecto es en contra de ella. ¿Se ha explicado el independentismo en el resto del Estado, a sus vecinos?

— Es muy difícil hacer un relato a través de los medios de comunicación dominantes en España. Tendría que pensarlo mejor, pero es muy difícil trasladar nuestro mensaje a través de esos medios. Se nos ha obviado y se nos ha manipulado.

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